No hay acto creativo posible ante la inmovilidad de la belleza,
la muerte ya no es un camino dicho cuando mis rodillas en el piso aclaman tu gloria de niña de quince,
mi cabeza se rompe en constante flujo contra el cielo de neón que cubre la verdadera identidad de la nada,
la fortuna vuelve a sonreír mientras cadáveres reptan sobre vísceras de santos y clérigos violadores.
Ayer escupí en el rostro de los prestidigitadores que me arrancaron el anhelo,
perdoné a mis espejos enemigos y pulí con semen sus marcos de oro y diamante
extraídos del vientre agónico de la madre de todas las desgracias,
de la gran vagina convulsa por el aborto continuo de su carne molida a punta de guerras santas.
Me preguntas sobre el labor del poeta y enmudezco,
en tu seno reposan las clavículas de salomón
de tus dedos nacen cotidianos y naturales los sonidos que pervierten la carne
envolviéndole mediante la corrupción y enviándola a su posición sagrada en el altar de las prostitutas.
Mis ojos se posaron en tus ojos como el cuervo en el cadáver de la vida
mi aliento recorrió tus bellos sagrados remembrando el vaho del pantano vesanico
mis uñas rasgaron los ropajes de tus palabras para violentarlas y convertir la sangre en coagulo celeste
mis dientes ultrajaron tus labios
mis manos fueron azotadas por los azules que emanan de tu rostro
mis piernas cansadas me obligaron a perecer bajo tu pie de fuego.
¿A dónde conduce el impecable camino cuyas orillas rebozan de cadáveres?
¿Quién se oculta entre la niebla, acechando con veneno al viajero cósmico?
¿Está en tus venas el coraje para ser golpeada por los embates de la soledad una y otra vez y al final arrancarle del pecho la poesía a la vida, cuyo cuerpo vejado ha sido visto e ignorado por millones de almas que cabalgan sobre caballos hechos de madera, carne y huesos?
Veo una niña con vestidos blancos corriendo entre flores que nacen de los despojos de la anomalía,
con una sonrisa tan bella como un ramillete de lilas manchadas con gotas de amor y lágrimas.
Apelo a lo sagrado de su virginidad poética y rezo a mis hordas de demonios por una guía adecuada
en el laberinto oscuro de la realidad en el rumbo de su alma.
Tocaré tu centro a palabras:
huiré de tu mirada fulminante deformandome el rostro en cada pugna contra idiotas conscientes,
arrancaré mis vestidos frente a ti para que puedas ver mi alma condenada a la cicatrización eterna.
No celebro tu vida, celebro tu nacimiento a la acromegalia de la palabra, hermana amante, ¡ahora eres parte del séquito de muertos que acompañan mi tragedia!.
lunes, 6 de mayo de 2013
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