4-Indolol, 3-[2-(Dimethylamino)Ethyl]' Phosphate Ester: (Psilocybin)"

Solo un punto en el vago.

martes, 20 de agosto de 2013

Revelación del dolor.



Regalé mi más preciosa flor a la melancolía;
caí del maternal seno  buscando la perfección de los ojos
y los hallé ultrajados por demonios devoradores de absolutos y serpientes anhelantes de materia.

Mi muerte se anunció con tu huida repetida en multiplicidades cósmicas
clavaste profundo tus garras de mariposa en mi pecho para arrancarme carne y alma,
mis rodillas ensangrentadas por arrastrarme en el desierto suplicando tu soma vaginal
dejan ver los enlamados huesos que arrastran mi despojo
y esa es la única ofrenda de la que soy capaz.

Largas historias virginales de tu búsqueda entre las sombras culminan con el asesinato de mi afecto
perpetuado por ladronas y prostitutas en el calor de un sur repleto de fósiles de antiguos reptiles
mi boca seca exhala el último suspiro cancerígeno de lo que se ha agotado desde su comienzo,
tus labios se alejan con cada trago que doy a la obscena hiel del desprecio.

Quiero quemar éste pestilente cuerpo condenado al vacío eterno
y regalarte en una bandeja de oro pulido a fuerza de latigazos
mi corazón y demás vísceras.

No soporto la atrocidad de tu mentira construida como un templo a la ilusión
me revuelco en constante pasmo sangrando de las heridas que has dejado en mi decadencia
los demonios se regodean dentro de mi aura sagrada
las putas rondan nocturnas en el tren gris de la despedida eterna.

¿A dónde fueron tus castillos construidos con pieles de quimeras azules?

Se desvanece el pulso del metrónomo dorado coronado de mortíferos ritmos dando paso a la vesania
al oscuro canto que remueve de sus tumbas a todos los héroes que cayeron ante un par de piernas
a la eterna sinfonía del oprobio
a la muerte de las vírgenes suicidas que regalaron su beso impúber a vagabundos del éter.

Vendí mi alma al dolor de probar tus mejillas de infierno
al dolor de recostarte en mi altar cada madrugada para sangrarte los dedos con sonatas pútridas
al maldito dolor de obsequiarte a los cerdos infectos para que contaminaran tus deseos ardientes de sodomizar al infinito y después volar en el campo de flores negras que serán el obsequio de tu partida.

Tengo clavado entre los ojos la hoja del cuchillo con el que planeas asesinarme
y el óxido penetra poco a poco en mi última gema coronaria.
El miedo pasó a una etapa de desvelos sinforma
la muerte es un juego al que constantemente recurro en tu ausencia
desesperado por no arrojar todos mis dedos a la hoguera del recuerdo.

El hedor de tu sexo corrupto me enajena y me sitúa en la senda de la desesperación.

Llevaré mi suciedad de perro en celo a otras alcantarillas
y ahí reposaré mi locura
hasta que desciendas de la gloria
y me sacrifiques en acto piadoso.




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